PERÚ: DEL PACÍFICO A LOS ANDES, DIARIO DE VIAJE DE 3 SEMANAS. 1ª. PARTE

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victor miguel, Jue Nov 21, 2013 8:41 am

A.EL MOTIVO



Después de varios años recorriendo Asia, necesitábamos dar un cambio radical al destino de nuestros viajes. Sudamérica, en el otro extremo, era el continente perfecto para poder realizarlo. El empujón definitivo para elegir el país, lo produjo una oferta de la aerolínea holandesa KLM, para llegar a varias capitales sudamericanas. Entre ellas estaba Lima, y a un precio imbatible (500 € i/v). Perú estaba a nuestro alcance, y no dudamos demasiado para pulsar la tecla, y comprar los billetes con salida a principios de octubre, cuando en teoría ya está finalizando nuestro verano alicantino, aunque al regresar todavía pudiéramos disfrutar de varios días de sol y playa, durante el mes de noviembre.



B. FICHA TÉCNICA



1. Fecha del Viaje

Del 2 al 25 de octubre de 2013.

Elegida por dos motivos principales, la benigna climatología en el Perú, con el comienzo de la primavera, y el ser temporada baja, con lo que deberíamos encontrar menos turistas y mejores precios.



2. El Plan

Después de analizar diversos datos a través de varias guías de viaje, y “san” Internet, decidimos realizar la denominada Ruta Gringa, que desde Lima nos debía de llevar al Machu Picchu, punto culminante del recorrido.

Como nos sobraban cinco días, y la capital peruana no tiene demasiados atractivos, pensamos en que teníamos una oportunidad única, para llegar a montañas y glaciares por encima de los 5000 metros, (nuestro Teide alcanza 3700 y el Montblanc, el pico europeo más alto, 4800), así que desde Cuzco volamos a Lima, para esa misma noche viajar a la ciudad de Huaraz, conocida como la Suiza peruana, por estar situada alrededor de las imponentes montañas nevadas de la Cordillera blanca, en pleno corazón de los Andes centrales. Desde allí, podíamos alcanzar en pocas horas las ciudades de Trujillo y Chiclayo, en la costa norte, y en cuyos alrededores se desarrollaron las culturas Chimú y Mochica, anteriores a los más conocidos incas, y que nos dejaron enormes ciudades de adobe todavía en pie, y magníficos tesoros en los enterramientos de sus dirigentes, que se pueden observar en varios museos.

Finalmente, a través de la famosa carretera Panamericana que une Alaska con la Patagonia, llegaríamos de nuevo a Lima, para hacer nuestra última noche antes de regresar a casa.

Para desplazarnos, utilizaríamos fundamentalmente cómodos autobuses, algunos de ellos nocturnos, además del mencionado trayecto Cuzco-Lima por avión.

3. Itinerario

2-10. Madrid-Amsterdam-Lima

3.10. Lima

4 -10. Lima-Paracas..

5-10. Paracas-Ica-Arequipa.

6-10. Arequipa-Chivay. .

7-10. Cañón Colca-Chivay-Puno

8-10. Lago Titicaca.

9-10. Puno-Cuzco

10-10. Cuzco

11-10. Cuzco-Moras-Salineras

12-10. Cuzco-Pisac-Ollantaytambo-Aguas Calientes

13-10. Machu-Pichu-Aguas Calientes-Ollantaytambo-Cuzco

14-10.Cuzco.

15-10. Cuzco-Lima-Huaraz

16-10. Huaraz

17-10. Huaraz-Trujillo.

18-10. Trujillo

19-10. Trujillo

20-10. Trujillo-Chiclayo.

21-10. Chiclayo.

22-10. Lima.

23-10. Lima-Madrid



4. Gastos del viaje (dos personas)

- Tren Alicante-Madrid: 80 €

- Vuelo Madrid-Lima-Madrid (con seguro de anulación): 1.030 €

- Vuelo Cuzco-Lima: 190 €

- Hoteles, comidas, transportes, entradas monumentos, compras...: 2.200 €

Total 3.500 €



C. EL PAÍS. Breves pinceladas



1. Geografía y Demografía

El territorio peruano tiene una extensión de 1.285.216 km2 (más del doble que España) y presenta una gran diversidad geográfica, lo que le brinda distintos tipos de recursos naturales. Por su ubicación (cercanía a la línea ecuatorial), Perú debería tener un clima tropical, sin embargo, la influencia de factores geográficos como la cordillera de los Andes y las corrientes marinas, determinan su diversidad, con una gran variedad de ecosistemas y, consecuentemente, de flora y fauna.

Posee tres grandes regiones, Costa, Sierra y Selva claramente diferenciadas, y cuenta con treinta millones de habitantes, la mitad de los cuales, vive en la cercanía del Pacífico. Lima es, con más de 10 millones, su ciudad más poblada.



2. Historia

Las primeras huellas de presencia humana en Perú, datan de hace al menos 20000 años antes de nuestra era, pero han sido conservados muy pocos vestigios de esta época. A partir de 1250 a.c., varias civilizaciones venidas del norte, los Chavinos, los Moches, los Chimús, los Nazcas etc. etc., se establecieron en la región. Entre los años 1100 y 1500, los Incas, una tribu guerrera del sur de la sierra, se desplazó poco a poco hacia el norte, hasta el valle fértil de Cuzco. En 1500, el Imperio Inca se extendía del océano Pacífico, hasta Ecuador, Chile y Argentina.

En el año1531, Francisco Pizarro desembarcó en Perú con menos de 200 hombres y, aprovechando la guerra civil que dividía a los incas, logró en menos de cinco años hacer de su imperio una posesión española. Se establece el Virreinato del Perú y se inicia la época colonial.

En septiembre de 1820, José de San Martín un antiguo oficial del ejército español, desembarcó con sus tropas en Perú, entrando en la ciudad de Lima en el mes de julio de 1821, donde proclamó la independencia peruana. A partir de aquí, comienza la llamada época republicana, que llega hasta la actualidad, con la presidencia, desde 2011, de Ollanta Humala, un ex militar con un pasado poco claro.



D. EL VIAJE



1. MADRID-AMSTERDAM-LIMA

El trayecto Madrid-Amsterdam lo realizamos con Air Europa, y tras un par de horas en el aeropuerto holandés, embarcamos en un boeing de la compañía KLM, con destino Lima. Las 13 horas de vuelo transcurren tediosas, y aprovechamos para leer y ver alguna película, intentando no dormir para tratar de acostumbrarnos lo antes posible al nuevo horario peruano (7 horas menos). El servicio a bordo, excelente, con buena atención y comida decente, lo que es decir mucho de una aerolínea. Me llamó mucho la atención la visión de la zona amazónica desde el avión, con una impenetrable masa arbórea, atravesada por varios ríos perfectamente visibles.

Llegamos sin retraso a las seis de la tarde hora local, y mientras consigo algunos soles peruanos en una oficina bancaria del aeropuerto, lo suficiente para el taxi y poco más, porque estamos advertidos de que el cambio es muy malo, nos damos cuenta de que una de las mochilas no sale por la cinta de equipajes. Hacemos la pertinente reclamación, y nos dicen que la tienen localizada, y que mañana llegará en ese mismo vuelo. Respiramos aliviados, aunque con cierta preocupación porque, si no llega como nos han asegurado, tendremos que quedarnos en Lima algún día más, y modificar los planes que tenemos.

Habíamos quedado con el hotel España, que nos enviaría un taxi para recogernos, y a pesar del retraso en salir al exterior, nos encontramos con un cartel que indica Sr. Saiz, lo que nos produce una tremenda alegría. El taxista nos dice que nos tiene que cobrar un poco más (55 soles en vez de los 45 acordados), debido al coste del parking.

Al colocar el equipaje, nos comenta que dejemos las mochilas de mano lo más alejadas posibles de las puertas, porque vamos a pasar por una zona peligrosa, y se producen con cierta frecuencia robos, aprovechando las paradas en semáforos. Nos miramos un poco alarmados..

El tráfico es horroroso, y nos recuerda a las ciudades asiáticas. Las calles tampoco están demasiado iluminadas, y las casas permanecen muchas de ellas a medio construir (costumbre extendida por todo el país, debido a que, como pasa en Egipto, así pagan menos impuestos). En fin, que la primera impresión no es demasiado positiva.

Tras una hora de trayecto, llegamos al hotel, una antigua casona colonial situada muy cerca de la Plaza de Armas, con un interior francamente curioso, con multitud de escultura y pinturas, como si fuera un museo decimonónico, aunque la habitación es bastante pequeña, y no demasiado limpia.

Estamos rendidos, así que nos comemos los restos de unos bocatas, y nos vamos a dormir (son las 10 de la noche, las 5 de la mañana en nuestro país).



2. LIMA

No ha amanecido todavía, cuando ya estamos despiertos. Después de remolonear un poco, nos levantamos con bastante hambre, así que vamos a desayunar, pero el restaurante del hotel todavía está cerrado, así que salimos a la calle a ver si encontramos algo abierto.

Lima se despierta con la característica niebla que la ha hecho famosa, un claro ejemplo de los efectos de la inversión térmica: la poderosa corriente de Humboldt enfría la costa, y las capas superiores de la atmósfera más calientes, junto con los Andes circundantes, impiden que la nubosidad se disipe, creando una clima permanentemente nuboso, con niveles de insolación sorprendentemente bajos dada su latitud intertropical, pero sin apenas lluvias

En pocos minutos, llegamos caminando a la Plaza de Armas, un gran espacio público que a estas horas está absolutamente vacío, rodeado por el Palacio Presidencial, la Catedral, y algún otro edificio notable. Seguimos paseando, pero no logramos encontrar una cafetería, así que cerca de la plaza de S. Martín, nos metemos en una especie de hamburguesería, donde tomamos tostadas y café por 10 soles, el equivalente a 3 € (como en La Pecera, el bar en el que desayunamos en Alicante).

Aprovechamos para cambiar 1000 € en una de las numerosas oficinas de cambio que hay por la zona (1€ = 3,66 soles), y continuamos nuestro recorrido por una calle peatonal bastante transitada, hasta llegar a las puertas de un centro comercial, exactamente igual que en cualquier otro país (lo que la antropología denomina “no lugares”). Desde allí, decidimos coger un taxi para ir al barrio de Miraflores, abierto al Pacífico, y considerada la zona más chic de Lima (mi primer regateo, deja el coste de la carrera en unos correctos ocho soles, poco más de dos euros). El taxista vive entre Nueva York y Lima, y creemos entenderle que es debido a que cobra una pensión en Estados Unidos, y tiene que permanecer un número determinado de días allí, para evitar que se la quiten. Hablamos de la crisis española, de fútbol, de los peruanos....hasta que nos deja en un espacioso mirador con fabulosas vistas al océano. Desde aquí, iniciamos un agradable recorrido a través del llamado Circuito de Playas, un paseo marítimo colgado sobre el Pacífico, y jalonado por modernos apartamentos donde vive la clase alta limeña.

En poco más de una hora, llegamos al estiloso barrio de Barranco, una zona de artistas y restaurantes bastante coqueta, y después de deambular por el mismo, decidimos volver a Miraflores, esta vez en bus (1 sol, 0,30€), para ir a comer al recomendable restaurante Rincón del Bigote (José Gálvez, 529), muy cerca del Parque Kennedy. Allí tomamos un excelente ceviche mixto, uno de los platos más emblemáticos de la variada cocina peruana, que lleva pescado blanco, gambas, vieiras, zamburiñas, todo crudo y marinado con cebolleta, ají (chile picante), lima, cilantro y alguna otra especia más; dos enormes almejas preparadas de igual forma, y servidas troceadas en su concha; un platito de crujiente yuca frita y otro de maíz parecido a los “kikos”, obsequio de la casa, todo ello maridado con una enorme botella de fría cerveza de la marca cusqueña, por el precio de 64 soles, 17 €, con la ventaja de poder pagar con tarjeta sin comisión, lo que no será fácil en el resto del viaje.

Al salir descansamos un rato en un banco, viendo saltar en parapente sobre el océano desde un prado cercano.

Sobre las cuatro de la tarde cogemos un taxi (12 soles), cuyo conductor parece un concursante de “La Voz”, porque se pasa todo el camino cantando, dejándonos cerca de la plaza de S. Martín, donde compramos algunas provisiones, y observamos desconcertados, que la cesta de la compra no es demasiado barata en comparación con un sueldo medio peruano - que ya sabemos que está sobre 225 € -, habiendo bastantes productos (agua, cerveza, snacks, productos de aseo, fruta, huevos....) con precios similares a nuestro país, cuando no más caros.

Después de esta primera inmersión en la cesta de la compra peruana, nos dirigimos al cercano Gran Hotel Bolívar, que fue el primer edificio hotelero moderno de gran envergadura que se construyó en Lima, para tomar nuestro primer pisco sour, el cóctel más típico de Perú, que lleva pisco (orujo), azúcar, zumo de lima, clara de huevo y un toque de algo similar a la angostura, y del que nos haremos grandes aficionados. No es barato (15 soles, unos 4 €) pero está muy bueno, aunque adolece de falta de frío.

Hay tres camareros ociosos que comparten con nosotros una interesante charla sobre múltiples temas (sanidad, educación, sueldos, turismo, crisis europea...) para intentar comparar Perú con nuestro país. Una hora después salimos en dirección a nuestro hotel, para intentar recuperar nuestra mochila. La dueña, nos dice que no nos preocupemos, que estos retrasos son normales, y que siempre la traen al día siguiente. Subimos a la habitación, pero yo no estoy tranquilo y, mientras Rosi cae rendida por el sueño, bajo de nuevo a recepción, donde me comentan que han llamado del aeropuerto y que la mochila está de camino. Mientras espero, converso con la dueña, una señora setentona, que me comenta mil anécdotas sobre su vida, el hotel, la inseguridad ciudadana y el cuidado que hay que tener al coger los taxis, y lo relaciono con la noticia que leí ayer, sobre que Lima era una ciudad bastante peligrosa, y que una quinta parte de sus habitantes habían sufrido algún percance en 2013. A las 11 de la noche, viendo como bostezo, me dice que me vaya a dormir, porque que en cuanto llegue la mochila nos la llevarán a la habitación. Eso hago, y poco después de acostarme, nos la trae un empleado, con lo que consigo descansar tranquilo unas pocas horas, antes de madrugar para ir al pequeño pueblo de Paracas.



3. LIMA-PARACAS

A las 5,30 nos levantamos, y media hora después estamos cogiendo un taxi (15 soles, poco regateables, dada la intempestiva hora), que nos lleva a la estación de autobuses de Cruz del Sur, una muy recomendable empresa, con la que haremos muchos trayectos.

Los billetes para Paracas, los habíamos comprado en España por Internet a mitad de precio ( 22 soles cada uno) y cuando subimos al bus, nos piden pasaporte y nos graban en vídeo, todo como medida de seguridad. Tiene dos plantas con asientos-cama (los de abajo más grandes), y una azafata nos sirve un bocata y café.

Después de 3,30 h. de trayecto, en el que solo se ve un desértico paisaje cercano al mar, con mucha basura por todas partes, y pueblos con humildes construcciones y calles sin asfaltar, llegamos a Paracas - que significa lluvia de arena en quechua, el idioma de los incas que todavía hablan bastantes peruanos- población costera a 260 km al sur de Lima, y donde en 1820 desembarcó el general José de San Martín, para conseguir la independencia del Perú.

Había reservado por mail, una habitación en el estupendo hostel Backpackers Paracas House, además de una excursión a la Reserva Natural de Paracas para esa misma mañana, y otra a las Islas Ballestas, al día siguiente.

Al retrasarse el bus, no podemos ir a la excursión concertada, pero Alberto, el amable propietario, nos dice que la podemos hacer en taxi, por un coste un máximo de 90 soles.

Una chica francesa, residente en Argentina, se une a nosotros y negociamos con un taxista que, tras el correspondiente regateo, accede a llevarnos durante cuatro horas por 80 soles..

La Reserva fue creada con el fin de conservar una porción del mar y del desierto del Perú, dando protección a las diversas especies de flora y fauna silvestres que ahí viven. El taxista nos lleva primero a ver el monumento construido en honor al libertador San Martín, y después vamos al pequeño centro de interpretación, con una interesante explicación de la extraordinaria biodiversidad de la zona. A partir de aquí, y después de pagar una tasa de siete soles, iniciamos una ruta por un auténtico desierto, acercándonos a diversos miradores, para observar largas playas de arena rojiza batidas por el Pacífico (¿qué coño harían nuestros antepasados conquistadores en este secarral?).

Un par de horas después llegamos a Lagunillas, la población más importante de la Reserva, donde hay varios restaurantes, y nos tomamos una docena de zamburiñas, a las que les sobraba el queso parmesano gratinado, y una Pilsen Cristal (otra marca de cerveza) por el equivalente a 12 €, observando con curiosidad una colonia de pelícanos, que permanecen ajenos a nuestra presencia en una roca cercana.

Sobre las tres de la tarde iniciamos el regreso, y al llegar a Paracas, vamos a dar una vuelta por el pequeño paseo marítimo, antes de que se oculte el sol. El paseo es corto, así que volvemos al hostel para descansar un rato en las hamacas del patio, mientras comienzo a redactar este diario.

Cuando ya ha anochecido, salimos de nuevo a la calle y cenamos un menú estupendo por 15 soles cada uno (ceviche, sudado de pescado, que es un pescado en salsa acompañado de arroz blanco, y una sopa deliciosa con toques thais). Probamos la inka-cola, un intragable brebaje dulzón de color amarillo, que los peruanos beben a todas horas.

Compramos agua y leche, para hacernos mañana un desayuno mochilero, y acompaño a Rosi a la habitación. Yo me doy otra vuelta, y me demoro un buen rato hablando de fútbol con el propietario de un restaurante, que capta clientes en la puerta, hasta que regreso a nuestro alojamiento cuando ya queda poca gente por la calle.



4. ISLAS BALLESTAS-HUACACHINA-ICA

El hostel no sirve desayunos, pero si tiene una cocina para poder prepararlos, así que a las 6,30 ya estamos haciéndonos un café con leche, que acompañamos con unas galletas españolas. Volvemos a la habitación, preparamos las mochilas y a las ocho nos recogen para ir a las Islas Ballestas (35 soles + 7 soles de tasa de puerto, en dos pagos distintos, y nos preguntamos por qué no pueden cobrar un solo billete de 42 soles), a las que se llega en una motora. En el mismo puerto, vemos un par de delfines jugueteando entre los barcos y, poco después de salir del mismo, observamos a lo lejos el famoso Candelabro, una enorme figura de180 m. de largo grabada en roca, cuyo origen y significado es una incógnita. El trabajo en la arena fue muy preciso, considerando que es una zona de mucho viento. La dirección del Candelabro, junto con el viento y el agua marina han hecho una gruesa capa cristalina, que lo ha mantenido desde su creación.

A la media hora, alcanzamos las maravillosas Islas Ballestas, un paraíso para los aficionados a la ornitología, poblado por cientos de miles de aves como flamencos, piqueros, pelícanos, zarzillos y el pequeño pingüino de Humboldt, la única especie de pingüino en el Perú, y que está en peligro de extinción. En las rocas reposan, perezosos, enormes lobos de mar, que parecen mostrar satisfechos sus harenes de hembras, de mucho menor tamaño.

La abundante vida que existe en la bahía de Paracas, y las islas que la rodean, se hace posible gracias a las corriente fría de Humboldt, que trae a la superficie una enorme cantidad de plancton, convirtiendo a estas aguas, en uno de los más importantes caladeros pesqueros del planeta. A su vez, esta riqueza ictiológica provoca la abundancia de aves marinas en el litoral, como nos lo demuestra el magnífico panorama que tenemos ante nuestros ojos.

Esta misma corriente crea una escasa evaporación, y produce el desierto litoral que acompaña casi toda la costa del Pacífico, y del que fuimos testigos ayer durante nuestro viaje desde Lima.

En las rocas se observan claramente el guano (excrementos) de las aves, que es utilizado para la fertilización de los suelos, y que tuvo una gran importancia estratégica para la economía peruana del siglo XIX. En la época de su recogida, muchos de los extractores hace de la isla su casa durante varios meses.

Después de una hora, en que la motora va dando lentas vueltas entre las rocas, oyendo el aleteo y graznido de las aves, y el ronco sonido producido por los lobos marinos protegiendo su territorio, volvemos a Paracas, tras haber disfrutado de una experiencia fascinante.

Al volver, compramos una cerveza (6 soles) y algo de pan (1 sol, 7 panecillos) y nos tomamos un aperitivo de lomo (lógicamente español) en la terraza del hostel, antes de coger un pequeño autobús que, por 20 soles persona, nos deja en 1,30 h. en la llamada laguna de Huacachina, un verdadero oasis natural en medio de las blancas arenas del desierto costero del Perú.

De aguas color verde esmeralda, surgió debido al afloramiento de corrientes subterráneas y , alrededor de ella, hay una abundante vegetación que le da un aire de libro de las mil y una noches. Hay múltiples restaurantes abiertos a la laguna, y en uno de ellos comemos, haciendo tiempo con un fresquito pisco sour, antes de realizar una excursión en boggeys a través de las dunas del desierto (35 + 5 soles, de nuevo dos billetes en vez de uno)

El recorrido (por el que pasó el Dakar 2013), es muy divertido, subiendo y bajando dunas a toda velocidad, pudiendo los más atrevidos practicar el llamado sandboard, que consiste en lanzarte con una especie de tabla de surf desde lo alto de las dunas. Normalmente se hace de pie, pero te aconsejan hacerlo tumbado para evitar accidentes. Realmente impresiona, porque hay dunas con bastante altura y pendientes importantes, así que resulta realmente adrenalítico.

Después de ver una hermosa puesta de sol en el desierto, volvemos a la agencia donde hemos dejado las mochilas, para darme una ducha y quitarme la arena, que se me ha metido por todo el cuerpo.

la ocho tenemos que coger un bus nocturno destino Arequipa, en la cercana ciudad de Ica, pero por allí no pasan taxis y, a pesar de que tenemos tiempo de sobra, nos empezamos a poner nerviosos, y cometemos une error importante al parar a un taxi pirata, cosa que no hay que hacer de ninguna manera, y menos de noche. Lo conduce un joven con buena pinta, pero cuando nos introduce por calles oscuras, empiezo a preocuparme (a Rosi, que va en el asiento de atrás, le pasa lo mismo, y me confesará después que cogió la navajilla que llevamos en el equipaje de mano). Al final, todo fue una falsa alarma y el chico nos dejo en la estación sin problemas (le doy una buen propina, supongo que por la alegría de que no nos atracara).

En la estación de Cruz del Sur hay mucha gente (estamos en un puente vacacional en Perú), porque hay varios autobuses retrasados por un accidente, así que esperamos más de una hora antes de embarcar en los asientos VIP del mismo, previamente sacados por Internet (150 soles, unos 42 €), parecidos a la first class de los aviones, para pasar las próximas 12 horas.



5. AREQUIPA

Hemos dormido estupendamente, y Rosi se pregunta si no nos habrán echado algo en la bebida que nos sirvieron con la cena.

Al llegar a Arequipa, nos piden 10 soles en un taxi (sabemos que cuesta 5), y un señor mayor con su coche particular nos ofrece llevarnos por 4. Aceptamos porque es de día, y después de varias vueltas, y tras preguntar a un policía, nos deja en el Hotel Villa Melgar, donde nos dicen que no tienen la habitación que había reservado, por no haberla confirmado. Nos ofrecen con una pequeña rebaja (de 60 a 54 soles), una habitación múltiple con literas para nosotros solos, tipo albergue, aunque con un baño grande y bastante nuevo, así que por no ir a buscar otro hotel, aceptamos de mala gana. Antes de salir, dejamos ropa para lavar, y llegamos a la Plaza de Armas en menos de 10 minutos. Las calles que atravesamos asemejan a un pueblo manchego, con blancas casitas bajas, y robustos empedrados.

Visitamos un par de agencias (siempre hay que comparar precios), para contratar la excursión al valle del Colca (se puede hacer por tu cuenta, pero es más caro, y menos cómodo). En la primera agencia, nos dejamos olvidada la mochila, y vuelvo a por ella con la agradable noticia de que nos la habían guardado.

Al final, tras una dura negociación, nos cobran 350 soles (menos de 100 €) por dos días de excursión con guía, una noche de hotel, y la vuelta a Puno, nuestro siguiente destino, sin pasar de nuevo por Arequipa.

Al salir, entramos en el impresionante Monasterio de Santa Catalina, de visita obligada, incluso si se sufre una sobredosis de edificios coloniales, como dice la Lonely, y a pesar de su cara entrada (10 €). Fundado en 1580, es una pequeña ciudadela dentro de Arequipa.

Después de 1,30 h. de visita por nuestra cuenta (también se puede contratar un guía), nos dirigimos en taxi (5 soles) a comer al restaurante la Nueva Picantería, donde pedimos un estupendo chupe de camarones (una especie de sopa de cangrejos de río), un plato mixto con varias especialidades: el picantísimo y casi incomible rocoto relleno - pimiento relleno de carne con ají, el chile peruano -, pastel de patata, cerdo adobado y patitas, que resultan ser patas de cerdo cocidas. Para beber, un par de cervezas pequeñas y una jarra de chica de jora, una bebida hecha con maíz fermentado, de la cual los peruanos son grandes aficionados, y que nos resulta bastante insulsa, todo por el equivalente a 25 €, el precio más alto que pagaremos en un restaurante durante todo nuestro viaje

Al terminar, nos da el “bajón”, y cogemos de nuevo un taxi, para ir a descansar al hotel. Mientras sesteamos, oigo a través del móvil los programas deportivos españoles (en España son las 12 de la noche), con Tune in, una estupenda aplicación gratuita para Android.

Antes de que anochezca salimos a dar una vuelta por esta ciudad, que con la excepción de la Plaza de Armas, no nos llama demasiado la atención, aunque hay que reconocer que su entorno cercano, con tres espectaculares volcanes de más de 6.000 m., es impresionante.

Compramos algunas provisiones en un supermercado, y regresamos andando al hotel, donde terminamos una lonchas de jamón español, antes de consultar Internet, leer un poco, e irnos a dormir a las 10 de la noche.



6. AREQUIPA-CHIVAY

De nuevo despertamos temprano, así que después de ducharnos, preparar las mochilas, y enviar unos whatsapps, desayunamos en el hotel, antes de que nos recoja una furgoneta que nos traslada a un autobús, en el que partiremos en dirección al Valle del Colca, dejando atrás las cumbres nevadas de los volcanes Misti y Chachani. Una hora después paramos en un bar, para tomar mate de coca y otras hierbas, con el fin de mitigar los efectos del mal de altura, ya que subiremos casi a 5.000 m. Atravesamos la impresionante Reserva Nacional

Salinas y Aguada Blanca, una vasta y árida extensión andina de volcanes dormidos, habitada por 4 especies de la familia de los camellos, las domesticadas Alpaca (cuya lana y carne es muy apreciada) y Llamas (un poco más grande) y las salvajes Vicuñas ( visibles muy cerca de la carretera) y los Guanacos, más difíciles de ver. Se

ven granjas aisladas, con casas de adobe y algunas pequeñas cascadas, bajando de las montañas, y el conjunto ofrece un belleza desoladora, si es que existe este tipo de belleza.

Cuando estamos bastante altos, una señora comienza a sentirse mal, así que el guía ordena al conductor que acelere la marcha para llegar a la localidad de Chivay, un desvencijado pueblo, centro turístico del llamado cañón del Colca. Antes de llegar, nos hacen bajar del bus, para pagar el llamado boleto turístico, que no solo es carísimo (el equivalente a 20 €), sino que también discriminatorio (los peruanos pagan la mitad).

Tras este atraco, nos llevan a un restaurante tipo buffet - barato pero francamente malo -, donde probaremos la vicuña y la sopa de quinua, un sabroso cereal bastante utilizado en la gastronomía peruana. Después de comer, nos llevan a nuestros respectivos hoteles (en función de lo que pagó cada uno), y la mayoría de los integrantes de la excursión nos quedamos en el Inkawasi, no demasiado recomendable.

Antes de marcharse, el guía nos ofrece una visita a unos baños naturales, y una cena fiesta por la noche. Declinamos la invitación y nos despedimos de él hasta el día siguiente.

Descansamos en la habitación, y noto raro el estómago, así que tengo que tomarme mi primer fortasec, antes de salir a dar una vuelta por el pueblo que, excepto el mercado, tiene pocas cosas que ver, por lo que volvemos al hotel por polvorientas callejuelas, donde transitan, abrigados, algunos parroquianos con sombreros de ala ancha, y mujeres con trajes tradicionales. Tengo el estómago echo polvo, así que solo comemos unas lonchas de lomo y un poco de pan recién hecho que hemos comprado en un horno.



7. CAÑÓN DEL COLCA-PUNO

Hemos dormido bastante bien, aunque como nos acostamos temprano, a las 4 estamos despiertos. Mi estómago va mejor, y después de desayunar, nos pasa a recoger el autobús. En la calle hace frío, y nos enfundamos nuestros plumas.

El cañón es el segundo más profundo del mundo (3300 m. desde su parte más alta), un poquito menos que el cercano Cotahausi, y el doble que el Gran Cañón estadounidense. Además de su profundidad, lo que lo hace tan fantástico es su diversidad, con áridas estepas, fértiles tierras de cultivo en antiguas terrazas, o el propio cañón, que no se exploró a fondo hasta la década de los ochenta.

El objetivo del día es recorrer una parte del cañón, llegando a la llamada Cruz del Cóndor, lugar en el que se pueden ver el mítico cóndor, el ave no marina más grande del planeta.

La carretera de acceso es infame (¿cómo pueden tener esta carretera en un lugar tan turístico?) y tardamos 2 horas en llegar a la Cruz, paraje asomado al cañón donde anidan estas aves, después de hacer dos paradas en sendos pueblecitos, preparados para vender recuerdos de todo tipo.

En la zona, hay decenas de autobuses, furgonetas y vehículos particulares que han transportado a muchísimos turistas. La alarma de uno de ellos suena sin parar, y la algarabía es importante (¿cómo van a salir los cóndores a volar?). Por si fuera poco, el guía nos comenta que hace poco se intentó hacer un sendero para hacer treking, volando con dinamita la montaña, hasta que se dieron cuenta que cada vez había menos aves. El caso que después de dos horas de espera, solo conseguimos ver de cerca, un pequeño cóndor que revolotea ágilmente, y en el cielo, a gran altura, dos figuras negras que nos dicen que son cóndores, pero igual pueden ser otra cosa.

Realizamos un pequeño paseo con el guía, que nos va enseñando la flora (cactus y arbustos), y comentándonos anécdotas sobre al cañón.

De vuelta paramos en un par de miradores para observar la terrazas de época pre-incaica, que cubren todo el valle, y también podemos divisar el pico donde nace el Amazonas.

A las 12,30 de la tarde llegamos a Chivay, y una hora después cogemos el bus de Inka Express (en la agencia nos cobraron 40 $ y en la taquilla vemos que cobran 45 $, increíble pero cierto ), que nos llevará en casi siete horas horas hasta Puno, atravesando el salvaje paisaje del altiplano.

Al llegar a la estación de autobuses, nos recoge una chica que espera con nuestro nombre para llevarnos al recomendable Titikaka Andean House (95 soles la noche), aunque nosotros habíamos reservado en el S. Antonio Suites, otro hotel de la misma empresa. En la calle hace frío (estamos a 3830 m. de altitud), y después de instalarnos, salgo a comprar pan, agua y yogurt, para cenar en la habitación un poco de jamón que nos queda. Estamos muy cansados, pero antes de dormirnos, tomamos la decisión de quedarnos en Puno dos noches, y coger pasado mañana un bus diurno dirección Cuzco, en vez de tomar el nocturno, como teníamos pensado inicialmente.


http://victormiguelsaiz.blogspot.com/

Mensajes: 353

Pasolini, Mié Ene 01, 2014 8:36 pm

Muy buen relato; muchas gracias.



Saludos


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