PERÚ: DEL PACÍFICO A LOS ANDES, DIARIO DE VIAJE DE 3 SEMANAS. 2ª PARTE

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victor miguel, Jue Nov 21, 2013 8:47 am

8. PUNO-LAGO TITICACA

Como casi todos los días, a las cinco estamos despiertos, lo que aprovechamos para mirar Internet y enviar unos whatsapps, antes de bajar a desayunar un buffet estupendo con huevos, café, frutas y fiambre variado. Al terminar, dejamos algo de ropa para lavar, y le encargamos a la recepcionista la compra del billete diurno para viajar mañana a Cuzco (35 soles).

A las 7,30 salimos a la calle bien abrigados, aunque luego veremos que no es para tanto, y nos quedaremos hasta en manga corta. Comenzamos a andar despacito, porque realmente se nota la altitud, hasta llegar al puerto del lago Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, para ir a las islas flotantes de los Uros, las más cercanas a la ciudad. Éstas son un grupo de islas artificiales hechas con varias capas de totora, una planta que crece en las aguas poco profundas del lago, y que se reponen continuamente, a medida que las capas inferiores se pudren, por lo que el suelo siempre es mullido. Uros son un pueblo ancestral, que llegó aquí huyendo de la presión de otras culturas, y todavía hablan la lengua aymara de sus antepasados.

Una vez sacados los billetes (en total 15 soles por persona, por supuesto en dos pagos diferentes), esperamos la salida junto a una pareja de catalanes, que vienen de hacer durante cinco días el llamado camino Inca, para llegar a Machu Pichu, y con las que entablamos una animada conversación. En 20 minutos llegamos a una de las islas (son unas 70), y el jefe o alcalde de la misma, nos da una charla sobre su pueblo y lo que significa el lago y las islas, haciendo hincapié en que solo pueden sobrevivir con el turismo, y nos animan a comprar varios souvenirs que tienen a la venta.

Tienen un barco, también construido con juncos de totora, en el que, previo pago de 7 soles, te dan una vuelta de 15 minutos, aunque nosotros preferimos deambular por la isla, y ver un poco como viven en ese pequeño espacio.

Una hora después, y después de detenernos brevemente en otra isla donde tienen un criadero de truchas, volvemos a Puno. La visita resulta interesante, a pesar de que están un poco “turistizadas” cosa que, por otra parte, ya sabíamos.

Les comentamos a la pareja de españoles, que vamos a contratar un taxi para ir a ver las chullpas (torres funerarias) de Sillustani, a 30 km de distancia. Deciden venirse con nosotros, y rápidamente ajustamos el precio (60 soles) con un taxista. El antiguo pueblo Colla dominó en su día esta zona del lago Titicaca, y enterraban a sus nobles en estas chullpas, la más impresionante de las cuales mide 12 m.. Estos edificios cilíndricos albergaban los restos mortales de familias enteras, así como comida y sus pertenencias personales, para el viaje al más allá. La única abertura era un agujero orientado hacia el este, lo bastante grande para que una persona pudiera acceder a gatas.

Tras pagar 10 soles, iniciamos un recorrido muy relajante, tanto por el entorno, encima de una pequeña meseta con vistas al lago Umayo, como por los pocos turistas que hay. Dos horas después finalizamos la visita, y sobre las14,30 h. regresamos al hotel (no tenemos apenas hambre, creemos que debido a la altitud, y compramos unos pastelillos y una cerveza, que nos comemos en nuestra habitación, antes de echarnos una pequeña siesta)

A las cinco salimos a la calle, para llegar en cinco minutos a la Plaza de Armas, donde destaca su catedral barroca, que visitamos, aunque no le encontramos demasiado interés - nos pasará lo mismo con casi todas las iglesias coloniales -. Después caminamos por la peatonal calle Lima, llena de gente, restaurantes y comercios varios, hasta que localizamos el restaurante Colors, recomendado en la Lonely y que ofrece cocina de fusión. Por 25 soles cada uno, tomamos un menú que incluye una reconfortante sopa, y luego yo elijo un pescado al curry y Rosi un plato de pollo con tallarines, ambos bastante ricos y con claras reminiscencias asiáticas.

Después de cenar, damos otra vuelta, pero hace bastante frío, así que a las 8,30 de la tarde volvemos al hotel, donde nos entregan el billete del bus para mañana ir a Cuzco, pagamos la cuenta, preparamos las mochilas y leemos un poco, antes de caer en manos de Morfeo.



9. PUNO-CUZCO

A las 7 h. bajamos a desayunar, y hacemos tiempo hasta coger un taxi (3 soles) , que nos llevará en pocos minutos a la estación de autobuses. Allí, además del ticket, hay que pagar una tasa de 1 sol, y nos instalamos en los primeros asientos-cama de la parte de arriba, muy cómodos y con unas vistas privilegiadas durante todo el viaje. (nos acordamos de Lis, la chica encargada de la recepción, y le agradecemos habernos reservados los mejores sitios).

El bus sale a la hora prevista, (8,30) y no a la hora peruana, como nos dijo Alberto, el gerente del albergue de Paracas, para referirse a los continuos retrasos de los transportes públicos.

El trayecto es interesante porque vamos dejando el altiplano para pasar a una zona con más vegetación, preludio

de la región de la Selva. Los pueblos que atravesamos, siguen siendo igual de destartalados y caóticos, y seis horas después alcanzamos Cuzco, el ombligo del mundo para los incas, el reino cósmico de la antigua cultura andina, que se fusiono con el esplendor colonial y religioso de la conquista española, y hoy se muestra como un próspero negocio turístico.

Un taxi (7 soles) nos lleva al hotel que hemos reservado por e-mail, pero está en una callejuela peatonal, así que el taxista nos deja en un extremo de la calle. Allí veo un hotel de 3 estrellas (El Monarca), con buena pinta, así que decido preguntar los precios. Regateando nos deja la habitación en 80 soles, aunque solo tiene una libre dos noches y necesitamos tres, nos dice que la tercera la podemos hacer en un hostal a 20 metros, que visito, y al que doy el visto bueno.

Lo primero que hacemos es ir al Ministerio de Cultura, a comprar las entradas para al Machu Picchu, que nos cuestan la friolera de 138 soles por persona (la mitad para los peruanos), mas una comisión por pagar con tarjeta de crédito. Al salir, vamos caminando hasta la maravillosa Plaza de Armas, corazón de la capital inca, y centro neurálgico de la ciudad moderna. La Catedral, los soportales coloniales, las Iglesias de Jesús María y de la Compañía de Jesús, y los muros incas de la calle Loreto, vía histórica de acceso a la plaza, la hacen muy bella, tanto de día como de noche, como comprobaremos a lo largo de nuestra estancia en esta ciudad.

Visitamos una agencia para hacernos una idea del precio de algunas excursiones, que no sabemos si hacer por nuestra cuenta o no; entramos en un centro de información turística, donde nos proporcional bastante información y un plano de la ciudad y, para finalizar el día, atravesamos el barrio de San Blas, con sus empinadas cuestas, y en el que la arquitectura y las intrincadas callejuelas sin tráfico, lo han convertido en una zona de moda llena de restaurantes, bares y tiendas, para llegar al restaurante vegetariano Green Point, donde tomamos un plato de samosas hindúes, un rissoto de hongos y unos fetuccini rellenos. Todo ello bastante bueno y muy barato (el equivalente a 17 €), aunque con unas salsas demasiado contundentes para nuestro gusto. Al terminar volvemos al hotel, que se encuentra a escasos diez minutos caminando.



10. CUZCO

Desayunamos tranquilamente en la coqueta terraza un buffet de frutas, fiambre, panes, yogurt, café...aunque sin huevos, mientras que “whatsapeamos” un rato, y hablamos a través de Line con varios familiares. A las ocho de la mañana nos dirigimos a la catedral (se puede entrar gratuitamente mientras haya misa), para deambular por ella junto a decenas de turistas. Nos llama la atención un cuadro de la Última Cena, con el cuy, una especie de conejillo de indias que se cría en todo Perú, y que aparece en la carta de numerosos restaurantes como un exquisitos manjar, a pesar de lo cual no nos decidiremos a probarlo.

Al salir, después de comprar el caro boleto turístico (130 soles), que además no sirve para algunos monumentos, iniciamos un recorrido por varias callejas antiguas, donde observamos algunos edificios coloniales y algunas ruinas incas, y llegamos casi sin darnos cuenta, al mercado de San Pedro. Allí compramos varios regalos, y volvemos a la Plaza de Armas, tomada por los antidisturbios vigilando una manifestación, para contratar en una

de las decenas de agencias, el llamado city tour (15 soles cada uno), que se inicia caminando por algunas zonas de la ciudad, para después coger un autobús que nos trasladará a cuatro recintos arqueológicos incas, en las afueras de Cuzco.

Tras dejar en el hotel los regalos que hemos comprado, “pillamos” unas sabrosas patatas rellenas de carne, en un pequeño tenderete callejero y hacemos tiempo con un excelente pisco sour, en la terraza de un restaurante situado encima de los soportales (Terras Moura Grill), con vistas fantásticas a la plaza, y al que iremos muchas veces durante nuestra estancia en Cuzco, por su magnífica relación calidad-precio.

A hora convenida nos unimos a un grupo de unas veinte personas, al que el guía está comentando algunos aspectos arquitectónicos de la catedral. Después atravesamos algunas calles con restos de muros incas, mientras cambio impresiones con un señor peruano y su hija adolescente, que me aseguran que tanto la educación como la sanidad públicas de su país, además de no ser gratuitas, son bastante deficientes, y están de acuerdo conmigo en que, hasta que ambas no sean de calidad, el país no logrará alcanzar un estadio de desarrollo parecido al europeo, y llegamos al Qorikancha (en quechua, patio dorado), en su día el templo más rico del Imperio Inca, cubierto literalmente de oro. Hoy es una curiosa combinación de magnífica mampostería inca, con la arquitectura colonial del Convento de Santo Domingo. En la explicación del guía se nota cierto rencor a los conquistadores, comprensible en algunos casos, aunque no tanto en otros, en los que falta a la verdad, muestra de su ignorancia o de su mala fe, lo que le tenemos que recriminar amablemente jejeje.

Desde aquí visitaremos varios yacimientos incas cercanos, Quengo, Pukapukara, Tambomachay, y sobre todo Sacsayhuamán, un impresionante recinto arqueológico de características religiosas y militares, con pesados bloques de piedras que no fueron reutilizadas por los españoles, donde en 1536 se llevó una de los combates más amargos de la conquista española, con miles de incas muertos en el campo de batalla, atrayendo a decenas de cóndores andinos, tragedia inmortalizada en el escudo de armas de Cuzco con ocho de estas aves.

En la excursión conocemos a Violeta, una abogada peruana residente en Lima de vacaciones en Cuzco, que nos contará bastantes cosas sobre su país.

Al regresar, tenemos cierto dolorcillo de cabeza debido a la altura, así que caminamos un rato hasta meternos en un restaurante de los cientos que pueblan el barrio de San Blas, para cenar un irregular menú por 15 soles, siendo el lugar en que peor comimos de todo Perú.

Desde aquí volvemos al hotel, por solitarias y estrechas callejuelas escasamente iluminadas.



11. CUZCO-MORAY-SALINERAS

Hoy, tras trasladar el equipaje al hostal donde dormiremos esta noche, vamos a salir de Cuzco para introducirnos en el llamado Valle Sagrado, la campiña andina salpicada de pueblitos, aldeas y ruinas del Altiplano comunicadas por senderos que conducen hasta la gran atracción del país, el Machu Picchu.

Ya desde los primeros kilómetros en el autobús, podemos ver los tejados de las casas con dos símbolos muestra del sincretismo religioso peruano, el torito de pucara, un toro de barro cocido, que era usado en las ceremonias en honor a la Pachamama (la madre tierra), y en el marcado del ganado para asegurar el buen año, la abundancia y la prosperidad familiar, y hoy es un importante símbolo de identidad andina, y por otro lado, la cruz representativa de la religión católica. Uno de los guías que tuvimos a lo largo de nuestra estancia, me comentó que, sobre todo en zonas rurales, todavía se combinaba la adoración a los dioses incas (el sol, la luna el agua....) con la visita a la iglesia los domingos. Fascinante

Nuestra primera parada es a una factoría-tienda de prendas de lana de alpaca, situada en Chinchero. La visita es interesante porque nos muestran el proceso para tintar la lana, algo que nunca habíamos visto.

Después, llegaremos al impresionante lugar arqueológico de Moray. A primera vista se observan una serie de círculos concéntricos, que asemejan a un anfiteatro, pero en realidad era un centro de investigación agrícola incaico donde se llevaron a cabo experimentos de cultivos a diferentes alturas. La disposición de las terrazas (llamados andenes) produce un gradiente de microclimas teniendo el centro de los mismos una temperatura más alta y reduciéndose gradualmente hacia el exterior a temperaturas más bajas, pudiendo de esta forma simular hasta 20 diferentes tipos de microclimas. Se cree que Moray pudo haber servido como modelo para el cálculo de la producción agrícola de diferentes partes del Imperio. El guía nos hace participar de una ceremonia de agradecimiento a la Pachamama, la madre tierra, y no sé si influido por ella o no, pero creo percibir un flujo de energía importante.

Después nos acercamos a las las Salinas de Maras, minas de sal cuya explotación es tan antigua como el Tahuantinsuyo (término que hace referencia a la división territorial del Imperio Inca en cuatro suyos o regiones, que estaban vagamente identificadas con las cuatro direcciones de los puntos cardinales y que confluían en la capital, Cusco, centro del universo según la cosmovisión andina. El término procede del quechua tahua que quiere decir "cuatro", y suyo que quiere decir región. Tahuantinsuyo por tanto significa Las cuatro regiones unidas, nombre original que los incas dieron al territorio que gobernaban.

Ubicada en la ladera del cerro, la salinera en forma de terrazas es atravesada por un riachuelo que nutre de agua salada las pozas. Su uso data de miles de años y se hereda en cada familia, pero se maneja en forma comunal. Está compuesta por unas cinco mil pozas de unos 5 metros cuadrados cada uno; el agua se filtra en las pozas y se evapora por acción del intenso sol, haciendo que broten los cristales de sal gruesa. Después de un mes, cuando la sal alcanza los 10 cm. de altura, comienza su recogida. La visión de las mismas desde la parte más alta de la carretera, es simplemente espectacular.

Tras esta visita, regresamos a Cuzco y nos despedimos de Violeta, la abogada con la que hemos hecho amistad, y que vuelve a Lima esa misma tarde tras haber terminado sus vacaciones.

En el hostal no hay agua caliente (cuestión bastante recurrente en los hoteles peruanos), así que manifestamos nuestra indignación, aunque no sirve de mucho.

Sin ducharnos, salimos a la calle para llegar al centro realizando fotos nocturnas del Cuzco iluminado. Hoy es el día de la hispanidad, y vemos un desfile que no sabemos si tiene algo que ver. En los bajos de los soportales, hay una exposición reclamando la protección de los pueblos indígenas de la Amazonía, a punto de desaparecer como consecuencia de la explotación de los recursos, por parte de empresas tanto nacionales como extranjeras.

Llegamos hasta un centro municipal, donde hay una manifestación del folklore peruano, pero la cola para entrar en enorme, así que lo dejamos para otro día. El dolor de cabeza provocado por el mal de altura está ahí, así que decidimos seguir haciendo fotos y acercarnos a tomar un pisco sour al Terras Moura. Después de un buen rato, tenemos hambre, y como vemos que hay mucha gente, y que la comida tiene buena pinta, decidimos cenar allí un buffet de ensaladas que ofrecen de forma gratuita, y yo pido un plato con dos enormes brochetas de carne que llevan corazón de vaca, riñones y lomo, acompañadas de excelentes patatas fritas, mientras Rosi elige una insulsa y cara pizza cuatro quesos.

Al salir, rebajamos la cena paseando hasta llegar al hostal, y nos acostamos inmediatamente porque mañana será un día duro, aunque también apasionante



12. CUZCO-PISAC-OYANTAITAMBO-AGUASCALIENTES

Estamos un poco hartos de ir en grupo, cuestión a la que no estamos acostumbrados, así que hoy hemos decidido visitar los yacimientos arqueológicos de Pisac y Oyantaitambo por nuestra cuenta, antes de coger el tren que nos llevará a Aguascalientes, antesala del Machu Picchu, al que iremos al día siguiente.

Como compensación por la falta de agua caliente en el día de ayer, nos hace un buen desayuno en el hostal, después del cual llevamos las mochilas grandes al hotel Monarca, para que nos la guarden hasta nuestro regreso, (hemos preparado las pequeñas con ropa para dos días, porque no sabemos si haremos una o dos noches fuera de Cuzco).

Antes de la siete de la mañana salimos del hotel para, en 10 minutos, llegar caminado a la calle Puputi, donde cogemos un combi (furgonetas muy utilizadas en Perú, que salen cuando se llenan, y que son una alternativa más rápida a los autobuses), que por 10 soles nos llevará a Pisac. En menos de una hora llegamos a esta localidad, aunque el recinto arqueológico está situado a unos 8 km por carretera, así que, o vas andando o en taxi, y los taxistas se aprovechan, no bajando de 20 soles por el trayecto de ida, tras regatear duramente.

En la entrada de las ruinas se encuentra Walter, un viejo guía indígena, que nos ofrece sus servicios (pide 30 soles, y al final lo dejamos en 20). Empieza a diluviar y además hace frío, menos mal que hemos traído el plumas y el chubasquero. Así, abrigados, comenzamos la visita de esta impresionante ciudadela inca en lo alto de una colina, que no solo preside en valle de Urubamba que descansa a sus pies, sino que también es un paso que lleva a la selva del noroeste, según nos comenta Walter.

Hay una zona militar y otra religiosa, y las vistas de los bancales agrícolas que la rodean, con el río Urubamba al fondo son portentosas, destacando los cientos de agujeros que se observan a lo lejos, tumbas incas que los huaqueros (saqueadores de tumbas) expoliaron. El veterano guía nos lleva durante 1,30 h. por las extensas ruinas, dándonos interesantes explicaciones, interrumpidas en un momento por la presencia del alcalde de una localidad rural que se dirige, descalzo y vestido con ropa tradicional, a Pisac para asistir a la misa dominical en idioma quechua. Me hago una foto con él y con Walter, y me pide dinero, pero no tenemos ni una moneda suelta, así que se mosquea un poco, y continúa su camino en solitario.

Deja de llover, y el guía nos indica como llegar al pueblo, a través de un espectacular sendero de 4 km, que atraviesa ruinas bien conservadas, y terrazas agrícolas por las que parece no haber pasado el tiempo, siempre con la visión del valle ante nuestros ojos.

A las once llegamos a la iglesia y observamos durante 15 minutos la extraña misa, para salir a dar una vuelta por el inmenso mercado dominical, donde compramos, tras un intento regateo, un precioso colgante de plata. Después cogemos un bus en dirección Urubamba ( 3 soles), porque no hay directo a Oyantaitambo. Allí, nada más llegar cogemos una combi que por 1,5 soles nos llevará a esta localidad en media hora.

Oyanta, como todo el mundo lo conoce, es el mejor ejemplo de planificación urbana inca que se conserva, con estrechas calles adoquinadas habitadas sin interrupción desde el S. XIII.

Los empinados bancales que vigilan las ruinas incas, señalan uno de los pocos lugares donde los españoles perdieron una gran batalla, y aunque fue una impresionante fortaleza, también ejerció como centro ceremonial ricamente trabajado. En la época de la conquista, se estaban construyendo unos muros de excelente factura, que jamás se acabaron, y cuyos restos permanecen inmóviles desde hace siglos.

Rosi se queda en la parte más baja, y yo asciendo fatigosamente hasta la zona alta, para después de deambular por la zona religiosa, donde están los restos del Templo del Sol, descender en solitario entre piedras centenarias y susurrantes canales de riego, imaginando que he viajado en el tiempo.

Al regresar vamos a la coqueta plaza principal del pueblo, donde nos tomamos unas cervezas, acompañados de cacahuetes y unas barritas energéticas que todavía llevamos de España, y a las 15,45 h. nos dirigimos a la estación de tren donde haremos tiempo, antes de coger el carísimo e incómodo tren (55 $) que en menos de dos horas nos acercará a Aguas Calientes, rodeados de ruidosos franceses.

El pueblo de Aguas Calientes es horroroso. Parece un poblado del oeste americano, con decenas de hostales y restaurantes construidos sin ninguna planificación, y atravesado por la vía del tren. Buscamos alojamiento, que encontramos tras visitar 3 hostales, a cuál más cutre.

Estamos tan cansados, y el pueblo tiene tan mala pinta que, después de comprar los billetes del bus para el día siguientes subir al Machu (19 $ i/v, otro robo) nos acostamos sin cenar. Mañana toca madrugar para llegar al recinto arqueológico antes de que lo hagan las hordas de turistas.



13. MACHU PICCHU-CUZCO

Es de noche todavía cuando salimos a la calle, donde caen unas gotas de agua, y una cincuentena de personas hace cola para abordar el autobús. Nosotros cogemos el segundo de ellos, y a las 5,45 h. estamos en la puerta del recinto arqueológico, que abrirá un cuarto de hora después. Nos acoplamos en un grupo (20 soles por persona), cuyo guía nos introduce sin más demora en esta maravilla Patrimonio de la Humanidad, que todavía tiene un aura de misterio, alentada por las incógnitas que todavía guardan sus maravillosas ruinas, y que quizá nunca se despejen: ¿cuál era su función?, ¿la conocieron los conquistadores españoles? ¿por qué permaneció olvidada durante tanto tiempo?, y algunas otras más

Machu Picchu,(en quechua "Montaña Vieja") es el nombre que contemporáneamente se da a una llaqta (antiguo poblado andino) incaica construida a mediados del siglo XV, en el promontorio rocoso que une las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu (“Montaña Joven”), en la vertiente oriental de la Cordillera Central, al sur del Perú y a 2490 m de altitud. Su nombre original se desconoce, y tras las últimas investigaciones, parece ser que fue conocida por les españoles, al contrario de lo que se creía hasta ahora. Tras la conquista, Machu Picchu se mantuvo dentro de la jurisdicción de diferentes haciendas coloniales que cambiaron varias veces de manos hasta tiempos republicanos. No obstante, ya se había vuelto un lugar remoto, alejado de los nuevos caminos y ejes económicos del Perú. En efecto, el sector agrícola de Machu Picchu no parece haber estado completamente deshabitado ni desconocido, pero sus principales construcciones, sin embargo, las de su área urbana, fueron ganadas pronto por la densa vegetación, sin que todavía sepamos el por qué de este rápido abandono.

Las primeras referencias directas sobre visitantes de las ruinas de Machu Picchu indican que Agustín Lizárraga, un arrendatario de tierras cusqueño, llegó al sitio en 1902.

Hiram Bingham, un profesor norteamericano de historia interesado en encontrar los últimos reductos incaicos de Vilcabamba oyó hablar sobre Lizárraga a partir de sus contactos con los hacendados locales y llegó a Machu Picchu el 24 de julio de 1911 guiado por otro arrendatario de tierras, Melchor Arteaga, y acompañado por un sargento de la guardia civil peruana. Encontraron a dos familias de campesinos viviendo allí: los Recharte y los Álvarez, quienes usaban los andenes del sur de las ruinas para cultivar y bebían el agua de un canal incaico que aún funcionaba y que traía agua de un manantial. Pablo Recharte, uno de los niños de Machu Picchu, guió a Bingham hacia la "zona urbana" cubierta por la maleza.

Si bien es claro que Bingham no descubre Machu Picchu en el sentido estricto de la palabra (nadie lo hizo, dado que nunca se "perdió" realmente), es indudable que tuvo el mérito de ser la primera persona en reconocer la importancia de las ruinas, estudiándolas con un equipo multidisciplinario y divulgando sus hallazgos. Ello, a pesar de que los criterios arqueológicos empleados, no fueran los más adecuados desde la perspectiva actual y también, a la polémica que hasta hoy envuelve la más que irregular salida del país del material arqueológico excavado, muchas de cuyas piezas comenzaron a devolverse a Perú en 2011.

Machu Picchu podría haber sido una de las residencias de descanso de Pachacútec (primer inca del Tahuantinsuyo, 1438-1470). Sin embargo, algunas de sus mejores construcciones y el evidente carácter ceremonial de la principal vía de acceso a la llaqta, demostrarían que ésta fue usada como santuario religioso. Ambos usos, el de palacio y el de santuario, no habrían sido incompatibles, y tampoco un hipotético carácter de centro de almacenamiento y redistribución de productos, que se obtenían en estos fértiles territorios, habiéndose descubierto, al menos, ocho rutas de acceso desde la Amazonía y el Altiplano. Algunos expertos parecen haber descartado, en cambio, un supuesto carácter militar, por lo que los populares calificativos de "fortaleza" o "ciudadela" podrían haber sido superados.

Se cree que tuvo una población móvil como la mayoría de las llactas incaicas, que oscilaba entre 300 y 1.000 habitantes.

La visita de dos horas con el guía es muy instructiva, no solo por las explicaciones, sino también por sus interpretaciones, muchas de ellas bastante personales, aunque no por ello menos interesantes. A partir de aquí, deambulamos por nuestra cuenta, subiendo y bajando cientos de escalones, que permiten salvar los desniveles de la vieja montaña, y a los que se tuvieron que adaptar los arquitectos incas para realizar esta portentosa obra de ingeniería. A las 11, paramos para tomar un buen bocata de queso y mortadela que preparamos anoche con pan fresco, y unas barritas energéticas.

Seguimos paseando por un recinto que se va llenando de gente hasta que, cansados, decidimos tumbarnos en el mullido césped de una ladera, hasta que un vigilante nos llama la atención, abortando nuestro intento de siesta.

Es la una de la tarde y decidimos marcharnos, pero no fue nada fácil hacerlo, porque tuvimos que esperar más de una hora haciendo cola, a la espera de coger un autobús que nos bajara a Aguas Calientes, donde recogemos las mochilas y hacemos tiempo con una birra y unos cacahuetes, hasta coger el tren de vuelta a Oyantaitambo.

Al llegar a esta localidad, está anocheciendo, y rápidamente nos ofrecen sitio en una furgoneta para llegar a Cuzco. Aceptamos, y en él van sentados una pareja de extranjeros y una de peruanos. El combi se tiene que llenar para salir, así que, después de unos minutos sin que suba nadie, los peruanos se marchan y nos recomiendan compartir un taxi con los extranjeros por unos 60 soles. Así se lo decimos a éstos, y nos bajamos del furgón, pero ninguno de los taxistas acepta menos de 100 soles. Mientras estoy traduciendo a los “guiris” los resultados de la negociación, un joven nos dice que le faltan dos personas para completar un combi que tiene aparcado en la plaza. Nos da corte dejar “colgados” a los extranjeros, pero a ellos no les importa hacerlo, y se marchan calle arriba sin decirnos nada. Pensamos dos cosas, primero que parecemos “nuevos”,a pesar de nuestra larga experiencia en situaciones de este tipo y, segundo, que son unos “cabrones”.

Un buen rato después estamos subidos en otra furgoneta, cuyo conductor nos quiere cobrar más que a los restantes pasajeros locales, así que nos bajamos de nuevo, más que nada por orgullo. Es noche cerrada y no pasan ni taxis ni combis, así que cuando ya estábamos pensamos en quedarnos a dormir en Oyanta (cosa que entraba dentro de lo previsto, y que no nos importa demasiado, porque es un pueblo bastante bonito), cuando oímos el nombre de Cuzco desde una furgoneta que transporta bicicletas, y donde subimos para llegar una hora y media después a la Plaza de Armas cuzqueña.

Desde aquí vamos al hotel El Monarca, para recoger las mochilas, y darnos una buena ducha, antes de salir a cenar a una pizzería cercana llamada Libertad, a la que habíamos echado un ojo días anteriores. Está llena de clientes peruanos, y cenamos estupendamente pollo al orégano, ají de gallina y dos cervezas grandes por 60 soles.

De aquí nos vamos a dormir, mientras todavía revolotean en mi miope retina las maravillosas imágenes del viejo Picchu.



14. CUZCO

Hoy hemos decidido tomárnoslo de relax (ya toca), y desayunamos tranquilamente en la terraza, hasta las 9 de la mañana. A esta hora salimos a la calle y nos dirigimos al museo del sitio de Koricancha, pequeño y desvencijado, con algunos objetos de las culturas inca, así como explicaciones sobre su original cosmovisión.

Cambiamos dinero (el billete de 100 € tiene menos valor y nos dan 3,62 soles por euro), y paseamos por los aledaños del centro histórico, viendo casas coloniales, y callejas con muros y empedrados de la época inca. A la

una de la tarde, nos tomamos unas cervezas conversando con una pareja de españoles en la terraza del Terras Moura, y vamos a comer al restaurante Víctor o Victoria un estupendo menú, con sopa, carne cocinada con arroz blanco y puré, postre y un zumo tropical, todo ello rodeado de lugareños. Al salir, nos dirigimos al hotel para echar una siesta, tras la cual intentamos ver la representación folklórica, a la que no pudimos asistir días pasados, pero nos quedamos con las ganas porque el local ya está lleno. Un poco desencantados y para quitarnos el mal sabor de boca, nos vamos al museo del Pisco, a tomar un cóctel (20 soles cada uno) acompañado con esos kikos especiales tan ricos, que suelen poner como aperitivo en muchos locales.

A Rosi le duele el cuello, así que la acompaño al hotel, y yo de nuevo salgo a la calle, para dirigirme al bohemio barrio de San Blas, donde hago algunas fotos, aunque me corta un poco la soledad de alguna de sus calles, a pesar de que nos han dicho que Cuzco es una ciudad bastante segura.

Después de deambular una hora como un auténtico gringo, acabo en la Plaza de Armas, tras encontrar unas antiguas canalizaciones de origen inca, en una calle escondida. Voy al Terras Moura, y con un pisco sour en la mano, me deleito con las últimas imágenes del lugar que fue el centro del mundo inca, y que se va despoblando poco a poco. Al terminar, y después de despedirme del encargado, regreso al hotel haciendo una parada para comprar una deliciosa brocheta de alpaca, (3 soles) en un carrito callejero.
http://victormiguelsaiz.blogspot.com/

Mensajes: 353

Pasolini, Mié Ene 01, 2014 8:50 pm

Muy buen relato; muchas gracias.



Saludos


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