PERÚ: DEL PACÍFICO A LOS ANDES, DIARIO DE VIAJE DE 3 SEMANAS. 3ª PARTE

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victor miguel, Jue Nov 21, 2013 8:49 am

15. CUZCO-LIMA-HUARAZ

Hasta las 11,40 no sale el vuelo con destino Lima, así que “perreamos” en el hotel hasta las 10, hora en que cogemos un taxi conducido por un chico joven, hincha del Cienciano, uno de los dos equipos de primera división de la ciudad de Cuzco, y con el que hablo del fracaso de la selección peruana, que ha vuelto a quedarse fuera de un Mundial.

El aeropuerto de Cuzco es pequeño y está absolutamente colapsado. Con algo de retraso (la hora peruana), sale nuestro vuelo que nos deja en la capital limeña en poco tiempo. Allí, un taxi en el interior del aeropuerto nos pide 35 soles, aunque sabemos que en el exterior es mucho más barato. Así que, andamos unos doscientos metros para salir, y negociamos por 20 soles un trayecto a la estación de autobuses de Cruz del Sur, compañía con la que viajaremos a Huaraz, por la noche. Después de facturar las maletas, cogemos de nuevo un taxi (22 soles) para irnos a Miraflores, barrio que nos gustó bastante el día que llegamos a Lima, y al cual tardamos más de una hora en llegar debido al monumental atasco que hay a esas horas. Allí vamos paseando y localizamos el hotel Maria Luisa, que nos recomendó Violeta, la abogada que conocimos en Cuzco. Como la habitación nos gusta y el precio no está mal (110 soles), hacemos una reserva para pasar la última noche, antes de regresar a España.

Es temprano, pero vamos a cenar a Tami, un correcto restaurante de cocina peruana recomendado por la Lonely, donde pedimos sudado de pescado, chicharrón de calamares (rebozados), cerveza y dos pisco sour por 75 soles.

Un camarero nos comenta, que para volver a la estación de bus podemos utilizar el metropolitano, barato (9 soles los dos, incluido el precio de la tarjeta) y más rápido que un taxi. Al entrar una señora mayor nos dice que tengamos cuidado, lo cual nos mosquea un poco. Otra chica joven, nos dice que no le hagamos caso, y que ella nos dirá como llegar. Al final tenemos que hacer un par de transbordos, porque la chica no estaba segura. Por fin cerca de las diez de la noche estamos en la estación de autobuses, y antes de sentarnos en la sala VIP de la compañía, damos una vuelta por un enorme mercado, donde venden de todo.

A las 11,30 de la noche abordamos el autobús y, aunque no hemos podido comprar asientos VIP, los que nos tocan son bastante cómodos y yo logro dormir unas cuantas horas, mientras Rosi, con problemas en el cuello, pasará una viaje bastante malo.



16. HUARAZ

A las 6 de la mañana, con el cielo cubierto, llegamos a la ciudad de Huaraz, en plena cordillera Blanca, la cadena montañosa más alta del mundo después del Himalaya, con 18 cumbres de más de 6000 m, y que se denomina así por las nieves perpetuas que presenta.

Recogemos el equipaje, y Juan, un “buscador de turistas”, nos ofrece llevarnos a varios hoteles, para encontrar alojamiento. Como no tenemos nada reservado, aceptamos y acabamos en un hostal cuyo nombre no recuerdo, y cuyo mejor cualidad es la simpatía y amabilidad de la dueña, una antigua maestra jubilada, y su familia.

A Rosi le duele bastante el cuello, y mientras descansa un poco, voy a sacar el billete para marcharnos mañana por la noche a Trujillo. La mejor compañía de autobuses no tiene ningún asiente libre, así que tengo que comprarlo en otra más barata, y seguramente peor. Aprovecho para preguntar por dos excursiones a la montaña, que tengo pensado hacer, y comparar con los precios que me ha dado Juan. Al volver compro bollos, empanadillas y pan para desayunar, y hacernos un bocata para comer en la excursión que probablemente hagamos hoy (no pienso volver a un restaurante concertado), mientras la propietaria ha dado un masaje a Rosi, que la ha dejado como nueva. Llamo a Juan para decirle que me tiene que dejar las excursiones al mismo precio que me han dicho en la agencia (25 soles, mientras el pide 40, y acabo aceptando 55 por los dos).Hoy vamos a al glaciar del Nevado Pastouri, a 5.200 m en plena cordillera Blanca y me ofrece un trekking para mañana, por diversas lagunas.

En media hora nos recoge una furgoneta, llena de jóvenes en promoción (viaje de fin de curso), y un guía estupendo que nos va comentando las características de esta zona, haciendo varias paradas para tomar mate de coca primero, y observar la flora autóctona después, hasta que llegamos a la base del glaciar Pastouri, previo pago de 7 soles por persona. Allí, a 5.000, parece que falta el aire. Un sendero de 2 km lleva a la base, y una parte se puede hacer en caballo (6 soles). Rosi no duda y alquila uno, que rápidamente la sube ladera arriba. Yo intento hacerle una foto, para lo que tengo que hacer un sprint de 20 metros, que me deja medio muerto (no me extraña que los jugadores argentinos se quejen cuando les hacen jugar en Quito o La Paz).

Los numerosos turistas parece que suben al ralentí, en medio de un paisaje maravilloso, hasta llegar a la base del precioso glaciar, que lamentablemente se reduce año tras año como consecuencia del calentamiento global, estimándose que en 20 años puede haber desaparecido. Allí conozco a una joven profesora aragonesa, que ha pedido una excedencia de tres meses, y está recorriendo Sudamérica.

A pesar de que me cuesta respirar, disfruto enormemente haciendo algunas fotos antes de iniciar el descenso. Por el camino una pareja del grupo lo está pasando mal y les doy hojas de coca que compré por la mañana, aunque tardarán en bajar más de una hora, acompañados por el guía. Cuando regresamos, paramos a comer en un restaurante concertado, pero nosotros llevamos un buen bocata de queso, que nos comemos al aire libre.

Llegamos bastante tarde a Huaraz, y me pongo en contacto con Walter, para decirle que yo haré el trekking, y Rosi, la excursión en bus a la laguna de Llanganunco, pero me dice que el trekking se ha cancelado, así que nos reserva plaza a los dos para la laguna.

A las ocho de la noche vamos a cenar a Trivium, donde disfrutamos de una deliciosa ternera a la cerveza negra, y tallarines con pollo estilo thai, acompañados de dos cervezas artesanales que fabrica el restaurante, y dos copas de vino chileno, obsequio de la casa, todo por 74 soles (20 €).

Regresamos al hostal, y mientras Rosi se acomoda en su cama, yo charlo con un empresario chileno del sector minero, que parece conocer bastante Perú, y hablamos de algunas peculiaridades de este país ( como la riqueza de sus minas de oro y plata, y los cánones que las empresas explotadoras pagan a la población, o del significado cultural y antropológico, mas que del económico, de las construcciones de adobe, muy habituales en todo el país).A las 10 se me cierran los ojos, y me voy a dormir.



17. HUARAZ-LAGUNA DE LLANGANUCO

Después de despertarme temprano, salgo a la calle con la intención de comprar bollería, pan y algo de fiambre, tanto para desayunar como para comer. Al volver la dueña del hostal, me presenta a su hijo, un político local en la oposición, que estudio una ingeniería en Barcelona, y con el que mantengo una conversación muy interesante sobre su país, sus gentes, el narcotráfico, la política, la colonización, el general San Martín y la independencia etc etc, todo ello con bastante neutralidad y amplitud de miras, alejado del sectarismo de alguno de los guías que hemos conocido.

Hoy vamos a visitar el bellísimo Callejón de Huaylas, un estrecho y alargado valle aluvial de la Cordillera de los Andes, formado por el recorrido del río Santa. Este valle está rodeado por la Cordillera Negra al oeste y la ya mencionada Cordillera Blanca el este, para llegar hasta la Laguna de Llanganuco, en el Parque Nacional Huascarán.

El guía se presenta, y nos propone un nombre para el grupo, con el fin de poder avisarnos cada vez que tenga que llamarnos. Yo propongo “los pisco sour”, pero no es aceptada mi propuesta, y es elegido el nombre mucho más prosaico de “las águilas”.

Antes de llegar a la laguna, atravesamos varios pueblos del valle, en el que muchos de sus habitantes visten trajes tradicionales. Paramos en Carhuaz, famoso por sus helados de todos los sabores (naturalmente los probamos), y donde compramos un bello sombrero de mujer, y posteriormente en Yungay, población en la que, en mayo de 1970 se produjo un severo terremoto (de magnitud 7.8 en la escala de Richter), que sacudió el valle. Por efectos del fuerte movimiento telúrico, un enorme pedazo de material congelado se desprendió del nevado Huascarán , cayendo toneladas de rocas que descendieron hacia el valle a una velocidad cercana a los 200 km/h, borrando del mapa al pueblo de Yungay, y produciendo la muerte de casi todos sus habitantes. En la actualidad NuevoYungay está situado a un kilómetro del lugar y, en su emplazamiento original, existe un impactante memorial en recuerdo de la tragedia, que se ha constituido en una importante atractivo turístico del callejón (7 soles la entrada).

Una infame pista sin asfaltar, serpentea durante más de 28 km hasta la laguna de Llanganuco, un idílico lugar con aguas de color turquesa, y soberbias vistas del Huascarán, el pico más alto de Perú con 6768 m, y otros picos circundantes. Damos una vuelta, y nos comemos el bocata al lado del agua, viendo el sol reflejarse sobre

el glaciar del nevado Huandoy. De repente comienza a llover y volvemos al autobús para iniciar el regreso, efectuando varias paradas antes de llegar a Huaraz, una para comer en un restaurante de carretera, donde converso animadamente con una pareja de médicos peruana - el odontólogo, ella ginecóloga -, interesados en la crisis española; otra en un pequeño pueblo, para probar el manjar, una empalagosa crema parecida al cabello de ángel y, por último, en una tienda-factoría de cerámica, llegando a Huaraz con noche cerrada. Vamos directamente a la Brasa Roja, una excelente pollería en la que cenamos de maravilla, antes de volver al hostal a recoger el equipaje y despedirnos de la dueña. Nos comenta que su hijo también viaja esa misma noche a Trujillo, y además en la misma compañía que nosotros, aconsejándonos esperarlo unos minutos para compartir el taxi. Eso hacemos, y todos juntos llegamos en pocos minutos a la estación de autobuses, no permitiendo el joven que pagáramos ni un sol.

El bus, como suponíamos, no es tan lujoso como los de Cruz del Sur, aunque podemos dormitar algunas horas, para llegar a las cinco de la mañana a Trujillo, la ciudad fundada con el nombre del lugar de nacimiento de Francisco Pizarro, el conquistador del Perú.



18. TRUJILLO

No tenemos reserva de hotel, por lo que le indicamos a un taxista un par de hoteles que llevamos anotados, que resultan estar llenos. Continúa dando vueltas por una ciudad absolutamente dormida, y después de otro intento fallido, encontramos un lujoso hotel con habitaciones libres, aunque es un poco caro (160 soles), y el somnoliento recepcionista no admite rebaja, pero estamos cansados y decidimos quedarnos. Nos echamos una siesta mañanera, como diría mi padre, pero al levantamos e irnos a duchar, no hay asomo de agua caliente. Llamamos a recepción varias veces, pero siempre nos contestan con el “ahorita señor” sin conseguir arreglarlo por lo que, una hora después, recogemos las mochilas y nos marchamos, ante la comprensiva sonrisa del encargado.

Al lado hay otros dos hoteles, y en uno de ellos nos quedamos por 75 soles la noche (no esta tan bien como el anterior, pero está limpio y es cómodo). Al salir a la calle vamos a un zapatero cercano, para arreglar unas botas de Rosi, a las que se le han despegado la suelas, y después nos dirigimos por una amplia calle peatonal, a la soberbia Plaza de Armas que alberga un colorido conjunto de edificios coloniales bien conservados.

Visitamos un par de estas mansiones, en las que la entrada es gratuita, cambiamos euros en una oficina cercana, y contratamos una excursión para ir al día siguiente a las Huacas del Sol y de la Luna, y a la antigua ciudad de adobe de Chan-Chan (25 soles cada uno), antes de ir andando hasta el restaurante la Mar Picante (Húsares de Junín, 412), un enorme local lleno de parroquianos, que devoran enormes platos de ceviche y todo tipo de pescados y mariscos. Nosotros tomamos el magnífico ceviche especial, un plato con gambas, pescado blanco, cangrejo y vieras, que lleva en la parte superior una copa de cristal con ceviche de almejas. Sencillamente delicioso. Además, es barata incluso la cerveza (el ceviche, un chicharrón de pescado, y dos enormes cervezas por el irrisorio precio de 15 €).

Al salir, cogemos un combi dirección la cercana playa de Huanchaco (1,5 soles), y oímos como nos dicen gringos, expresión a la que hacen referencia para referirse a cualquier extranjero (como nuestro “guiri”), y no solo a los norteamericanos, como creíamos hasta ahora. En media hora llegamos a una playa bastante animada, con muchos surfistas intentando coger la ola “buena” y familias enteras disfrutando del fin de semana, aunque sin ningún bañista.

El rasgo característico de Huanchaco, es que los pescadores locales siguen usando las mismas balsa de junco de totora, representadas en la cerámica moche de hace 2.000 años. Se trata de unas estilizadas balsas, sobre las que se montan con las piernas colgando, de ahí su nombre de caballitos de totora.

Tomamos unas cervezas en una terraza, y damos unas vuelta por el precario paseo marítimo, donde hay muchos chiringuitos vendiendo artesanía de mala calidad, antes de regresar en un bus que nos deja muy cerca del hotel, camino del cual compramos bizcochos de varias clases, que servirán de frugal cena.



19. TRUJILLO

Ayer contratamos una excursión “full day”, para visitar dos importantes recintos arqueológicos, muestra de la existencia de importantísimas culturas pre-incas que se desarrollaron en los alrededores de Trujillo. Primero, visitaremos las denominadas Huacas del Sol y de la Luna, lugar que representó físicamente la capital de la cultura Moche desde el siglo I a.c al siglo IX d.c. Huaca significa lugar sagrado.

El recinto muestra dos pirámides de adobe que, debido a la inclemencias metereológicas, se han convertido en barro, asemejando montañas naturales, en medio de la cuales se encuentran los restos sin excavar de la antigua ciudad. Comenzamos la visita por el cuidado museo del sitio, que merece mucho más tiempo del que nos dieron (desventajas de ir en grupo) y, después, entramos en la única huaca visitable, la de la Luna, que destaca por tener templos que fueron superpuestos y construidos en diferentes períodos.

Con una base cuadrada de 87 m de lado y una altura de 21 m, todavía conserva interesantes pinturas murales de varios colores, y relieves donde se puede apreciar la divinidad moche llamada Ai apaec o dios degollador (con ese nombre debía causar pavor en sus enemigos), que siempre aparece caracterizado con un enorme cuchillo. En un altar ceremonial del último templo, fueron descubiertos los restos de 40 guerreros sacrificados.

Igualmente, es posible visitar los patios y plazas ceremoniales de más de 1500 años de antigüedad. En uno de ellos era donde la población de la zona urbana circundante, podían ver la preparación para el sacrificio de los guerreros, aunque el sacrificio propiamente dicho sólo podía ser observado por las altas autoridades.

Después de esta interesantísima visita volvemos a Trujillo, donde nos dejan una hora para comer, antes de visitar Chan-Chan, la que fue la mayor ciudad de adobe del mundo, con 20 km2. Entramos en un pequeño restaurante cercano a la Plaza de Armas, y pedimos un excelente cabrito y un decepcionante arroz con pato, una de las especialidades de la zona.

Por la tarde, nos desplazamos a Chan-Chan, y tras un breve recorrido por su pequeño museo, cuyos objetos giran en torno al yacimiento y a la cultura Chimú, que floreció desde el año 700 hasta el año 1500 aproximadamente, cuando fueron sometidos por los incas (igual que hicieron con ellos los conquistadores españoles, a pesar de que algún guía poco neutral, transmita la idea de que los incas eran extraordinariamente generosos, y que más que someter, “convencían”, además de tener una sociedad igualitaria, donde no existía la esclavitud).

De los 10 palacios originales, hoy sólo se visita el Complejo de Tshudi, cuyo elemento principal es un enorme patio ceremonial restaurado, cuyos gruesos muros interiores están decorados casi en su totalidad con dibujos geométricos. Al salir del mismo, junto al muro exterior que tuvo 12 m de altura, se ven algunas de las murallas más decoradas y mejor restauradas.

Chan Chan debió de ser una visión fascinante, antes de que fenómenos como El Niño, y las fuertes lluvias erosionaran sus impresionantes muros de adobe. Lo que más me maravilla es la inmensidad del yacimiento, donde llegaron a vivir 50.000 personas, debiendo ser muy emocionante poder visitarlos sin turistas al atardecer, cosa que nosotros no podemos hacer (otra vez el inconveniente de ir en grupo).

La excursión acaba en la playa de Huanchaco, que ya visitamos ayer, así que terminamos tomando unas cervezas enfrente de un agitado Pacífico, mientras el sol desaparece en el horizonte.
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Mensajes: 353

Pasolini, Mié Ene 01, 2014 9:00 pm

Muy buen relato; muchas gracias.



Saludos


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